Jeremías: Andares de un poeta
por Griseida Díaz
APR 2007
En pasajes Bíblicos, Jeremías era el nombre de un profeta enviado por Dios para llevar su mensaje a la tierra. En la actualidad, el nombre también pertenece a un artista que a través de su pluma y su guitarra va llevando un mensaje fresco pero profundo por donde quiera que pasa.
Su primera intención era componer para otra gente, pero esas deliciosas jugarretas del destino lo colocaron en primera plana de sus creaciones musicales, convirtiéndose en cantautor. Su carrera ha ido ascendiendo lentamente y uno de los aspectos que más le ha favorecido ha sido su paciencia, ya que esta pasión por componer canciones le viene desde muy chico.
¿Cómo es ese Jeremías que el público no conoce?
Yo soy el mismo que está aquí hablando contigo, en la casa leyendo o yendo a la playa. Es exactamente el mismo el que tiene que darle la cara a los medios y el que está tras bastidores ahí de ermitaño en mi casa.
¿Eres diurno o nocturno?
Nocturno totalmente, aunque ahora me estoy volviendo más diurno. Llevo una vida más sana y mucho más tranquila que la que tenía en Madrid o en Caracas, donde casi siempre me daba la mañana leyendo o componiendo, y a esa hora desayunaba o cenaba. En los dos horarios hago las mismas canciones, sólo que éstas me salen más claras.
¿Cómo te describen tus amigos?
Soy tímido y atrevido pero nunca sé cuando sale el otro. Soy ermitaño y al mismo tiempo hay otra parte de mí que es efervescente y está todo el tiempo riéndose. Es algo que yo no controlo, y a veces mis amigos quieren ver al jodedor de la fiesta y a veces no sale porque estoy así como tranquilazo; hay una dualidad allí.
¿Qué es lo primero que le ves a una chica?
Todo. Soy en experto en escanear de arriba abajo. Cada cual tiene un encanto particular, que puede ser la sonrisa, la mirada, los senos, que es lo primero a donde se te van los ojos. Hay mujeres que emanan una ternura o una alegría especial y esas son las primeras características que ves más allá de lo físico.
¿Le temes a los sacrificios de la fama?
Sí, es una de las cosas que me he planteado. Por eso quería ser autor, no cantautor. Es como venderle el alma al diablo. Al final es el destino que yo he escogido y hay que verlo con cariño, mirarle el lado positivo. No me puedo quedar en el hecho probablemente egoísta de que ya no puedo salir.
¿Qué inspiran tus canciones?
Hago las canciones para explorarme y plasmar mis emociones, sentimientos e ideas, y a partir de ahí me comunico con los demás. Ninguno de los temas los busco, pues si no va a salir algo sin alma... mejor me quedo callado.
¿Alguna canción consentida?
“Sin Despedirte” es un canto a la fugacidad de la existencia. Estamos aquí muy poco tiempo y vamos postergando sueños, hasta que puede darse que termines muerto en una autopista y de pronto la vida te ha venido a dar una lección.
¿Si pudieras vivir de nuevo, hay algo que cambiarías?
Absolutamente nada. Todos los errores me parecen caídos del cielo, porque son como la caída del niño que le hace tomar conciencia de lo duro que es el suelo. Si lo he vuelto a cometer es porque las veces anteriores no aprendí y la vida te lo pone otra vez hasta que aprendas. Estoy muy contento, sobre todo de los errores.