Por Blanca Venegas
(El Paso, Tx)- ¿Cuántas veces nos detenemos a observar nuestra vida desde lejos? A menudo nos encontramos tan sumergidos en el ajetreo del trabajo o la familia, que no prestamos atención a lo que día a día construimos.
Nuestros antepasados sembraron con el sudor de sus frentes, el fruto que nos nutrió y nos dio la energía para seguir construyendo un lugar ideal donde nuestros hijos disfruten su libertad, obtengan una buena educación, alimentos, ropa que cubra sus cuerpos, y donde simplemente vivan felices. ¿Se han ustedes percatado que ya vivimos en ese mundo ideal con el que tanto soñaron nuestros ancianos?
Me atrevo a usarme como ejemplo, para demostrar que yo misma soy “víctima” de la utopía que hemos creado los Latinos que radicamos en Estados Unidos. Hoy me levanté, trabajé, comí, llené el tanque de mi auto con gasolina, volví a comer, pagué las cuentas de mi hogar, me bañé, me vestí y asistí al concierto de Maná. Al llegar, estacioné mi auto en un lugar rodeado de guardias de seguridad, y caminé hacia el lugar donde el concierto se llevaría a cabo. Durante mi travesía entre la multitud, observé como la gente se dirigía al concierto con sonrisas en sus labios y ansiosos por escuchar a la banda Mexicana. “Maná es el mejor grupo del mundo,” comentaba alegremente una fanática de aproximadamente 17 años a su madre, mientras ayudaba a su abuela a sentarse cómodamente para que las tres generaciones disfrutaran del tan esperado show.
Entre luces multicolores, efectos pirotécnicos y el estruendo de las voces que, unidas cantaban las canciones dirigidas por Fher, vocalista de Maná, me sentí en una fiesta familiar. Incluyendo a la abuela de la joven mencionada en el párrafo anterior, la gran mayoría del público conocía las letras de las canciones perfectamente, bailaba al ritmo de Alex, el baterista, y las damas meneaban sus caderas al sonar de la guitarra de Sergio.
Fue en ese momento que me percaté que no solo tenemos una vida llena de bellas tradiciones y festejos, sino que, Estados Unidos nos abrió la puerta a la oportunidad de tener ese trabajo que nos da el dinero necesario para obtener una casa cómoda, una refrigerador lleno de comida, un armario con ropa, gasolina para nuestro auto, y un medio de transporte que nos lleve a donde deseemos estar, ya sea en el trabajo, o disfrutando el fruto de nuestra labor por medio de un divertido concierto de Maná, cuyas canciones nos traen un millar de recuerdos placenteros.
Realmente hemos logrado tener lo mejor de los dos mundos: nuestra hermosa cultura Latina, y un país que nos brinda los medios para celebrarla en compañía de amigos y familiares. Ser Latino es sinónimo de alegría. No importa en que ciudad de Estados Unidos estemos, siempre nos reencontraremos con los ritmos que unen nuestros sentimientos, no solo como hermanos Mexicanos, Cubanos, Colombianos, Chilenos, Venezolanos, Puertorriqueños, etc. Sino como Latinos unidos.